Esta receta ha sido de prueba y error, muy laboriosa pero con final feliz.
Hace unos meses, mi hija mayor me trajo un par de membrillos orgánicos, con la típica forma de pera, amarillos (ya maduros), y con ellos hice dulce de manzanas con membrillos y un pomelo. Simplemente quité la cáscara de las frutas, las corté pequeñas y las puse con la mitad de su volumen en agua, azúcar (bastante pero no mucho), canela, jengibre en polvo. Dejé cocinar, y logré un color rojizo por la manzana (red Roma) y el pomelo, pero los trocitos de membrillos me quedaron claros.
Emilia, del blog Cousas de Milia, tuvo la amabilidad de explicarme que el color rojo se da luego de una cocción lenta muy prolongada. Milia es una experta cocinera y tiene sus posts maravillosos de mermeladas, incluída la de membrillos que le salió mejor que a mí :)
Esta semana, le regalaron a una de mis clientes una caja de membrillos, más verdes, y sin la forma de pera. Como ella no los conocía, ni sabía cocinarlos, me preguntó si los quería y yo prometí hacerle un buen frasco. En eso estuve hoy por la tarde, pero lo que jamás me imaginé es que las semillas serían tan absolutamente duras, aclaro, las de estos membrillos.
Cuando me dí cuenta, ya era tarde, ya estaban cocidos y me llevó mucho tiempo pasar la mermelada por un tamiz, y que quedara jalea. Era imposible morderlas.
He leído en Wiki que algunas especies tienen las semillas más duras que otras, y son de la familia de las rosas. Aquí los invito a ver mi experiencia de hacer jalea con frutos de rosas, y de rosas grandes, lo cual fue un suplicio, pero también, con final feliz.
Lo que me quedó exquisito -modestia aparte- son los membrillos con salsa de vino tinto. Como decía, yo les saqué la semillas luego de la cocción, pero, suponiendo que lo hacemos bien, cortamos los membrillos en cuartos, les quitamos el centro de semillas y los ponemos a hervir en vino tinto, con una ramita de romero, canela, clavo de olor, azúcar, a gusto. Una vez que se ablandan, los pasamos a un frasco esterilizado, y volcamos la salsita por arriba. Nosotros los comimos así, con cáscara incluída, pero yo le sugerí a mi marido que si quería les ponga un poco de crema de leche batida.

Para el dulce, el mismo procedimiento que conté al principio, esta vez sin manzana ni pomelo, con un poco de jugo de limón, las especias, un chorrito de esencia de vainilla y anís estrellado. Por más que lo dejé largo tiempo, he conseguido un color amarronado, y ya bastante me llevó pasar la mermelada por tamiz, la verdad, no tengo tanta paciencia en la cocina, por eso verán que jamás posteo decoraciones de tortas, no es mi fuerte, pero admiro a quienes lo hacen.
Si los lectores tienen consejos o anécdotas con quinces o membrillos, son todas bienvenidas.